martes, 31 de marzo de 2015

¡Cristo Resucitó! Abramos Nuestros Horizontes

Desde la Argentina, Don Orione escribe esta carta a sus religiosos y amigos con ocasión de la Pascua de 1935. Texto estupendo en el que la fe de Don Orione estalla en un canto de esperanza y seguridad para una humanidad agobiada y descreída que encuentra en Jesús la resurrección.

¡Cristo ha resucitado!
¡Resucitemos con El!
Abramos nuestros horizontes,
levantemos nuestro espíritu
a todo lo que representa una vida superior,
a todo lo que sea luz,
belleza, bondad, verdad y santidad!
¡Aleluya! ¡Aleluya! ¡Aleluya!
¡Cristo ha resucitado! Acudamos a El:
Sólo Él tiene regeneradoras palabras de vida eterna,
y esa ley de amor y libertad,
esperanza de crecimiento y salvación
para todos los hombre, y todos los pueblos.

Hermanos, los pueblos están cansados, desalentados;
sienten que la vida sin Dios
es efímera y vacía.
¿Estamos a las puertas de un gran renacimiento cristiano?
Cristo tiene compasión de las muchedumbres:
¡Cristo quiere resucitar,
quiere volver a ocupar su lugar:
Cristo avanza: el porvenir es de Cristo!


¡Cristo ha resucitado! Veo a Cristo que vuelve:
¡no, no es un fantasma!
¡Es El, el Maestro,
es Jesús que camina
sobre las aguas cenagosas
de este mundo turbulento y sobrecogedor.

¡El futuro es de Cristo!
¡Avanza, avanza, oh divino Resucitado!
La barca de este pobre mundo
hace agua por todas partes,
y se hunde sin Ti:
¡ven, Señor, ven!
¡Resucita en todos los corazones,
en todas las familias:
resucita, Cristo Jesús, resucita
en todas las regiones de la tierra!
¡Escucha el angustioso clamor
de las muchedumbres que te buscan:
mira, Señor, los pueblos que vienen a Ti.
Te pertenecen, Tú los has conquistado,
¡oh Jesús, Amor y Dios mío!


Extiende tus brazos sin fronteras,
oh Iglesia del Dios viviente,
y abraza a los pueblos
en tu luz salvadora.
¡Oh Iglesia verdaderamente católica,
Santa Madre Iglesia de Roma,
única verdadera Iglesia de Cristo,
nacida no para separar,
sino para unir y pacificar
a los hombres en Cristo!
¡Mil veces te bendigo y mil veces te amo!
¡Bebe mi amor y mi vida,
oh Madre de mi Fe y de mi alma!
¡Cómo quisiera hacer un bálsamo
con las lágrimas de mi sangre y de mi amor
para aliviar tus dolores
y derramarlo sobre las llagas de mis hermanos!


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