martes, 8 de julio de 2014

Fuera las espadas del corazón de la Virgen



“Cuando se abrió esa casa, narraba Don Orione, deseábamos tener una estatua”.

Un sacerdote habló de nuestro deseo a un viejo Señor de Novi Ligure, el abogado Serra, cuya familia es aún ahora una de las más nobles de esa ciudad. El abogado le dijo: “Tengo una vieja estatua toda apolillada en el desván...” El sacerdote la quiso ver... y se la llevó. Es una dulce Virgen de madera, muy antigua, tanto que por aquí y por allá está agujereada; en Novi, en el pasado, había sido venerada e invocada Madre de los Dolores; pero luego fue puesta en un desván.

La Virgen de los Dolores se suele representar con la cara triste, como solicitando consuelo al Señor en su angustia, en su dolor. Se suele pintar, o esculpir, con las manos juntas en el pecho, como estrujando el corazón lleno de angustia, o con las manos extendidas y juntas en infinito dolor, con Jesús muerto en los brazos y arrodillada cerca de él o de pie a los pies de la cruz.

La Virgen de los Dolores es representada generalmente vestida de rojo, porque el rojo simboliza el dolor y el amor, con las manos juntas, la mirada dirigida al cielo y la espada que le atraviesa el corazón.

Esta estatua cruza los brazos en el pecho y levanta los ojos al cielo: así, más o menos, debería estar María a los pies de la Cruz, cuando Jesús agonizaba para redimir a la humanidad; así debía estar la Virgen en ese momento, sagrado y solemne, en que Jesús nos dio el derecho de llamar madre a María, la Madre de Dios.




Cuando supimos que había llegado desde Novi Ligure, partimos desde San Bernardino y vinimos aquí a la ciudad a verla: había llegado precisamente aquí, entonces casa de los Oblatos del Obispo y sólo más tarde pasaba a nosotros, diez años después. Aquí fue colocada con gran amor en el lugar más distinguido de la casa y fue esa la primera señal de que después vendríamos a vivir aquí. Desde aquí fue acompañada a San Bernardino: la tomaron en los brazos algunos de aquellos primeros alumnos, y la llevaron procesionalmente al nuevo pequeño colegio, en la pequeña capilla, que estaba en el primer piso donde tienen ahora el taller las hermanas.

Seguidamente, tiempo después, durante una procesión de ese mismo primer año, esos muchachos reflexionaron que la Virgen tenía una espada y, si se la mira aún ahora, se ve la fisura en donde estaba clavada la espada, porque como saben, las imágenes de la Virgen de los Dolores tienen casi siempre una espada en el corazón (más aún algunas veces tienen siete espadas); cuando los jóvenes, como decía, vieron y reflexionaron que la Virgen tenía la espada clavada en el corazón se dirigieron a mí diciendo: “¿Cómo es que debemos tener una estatua de la Virgen con un puñal clavado en el corazón? ¡No, no queremos que tenga una espada en el pecho!”

Les hacía mal ver a la Virgen, nuestra buena madre, herida; y de inmediato, una vez quitada la espada, añadieron: “¡Qué no suceda nunca que la Virgen esté entre nosotros llena de dolor, dolorida!”. Así fue como le rompieron la espada, y, mejor con unos fósforos la quemaron allá en medio del jardín, a mitad del cerco, donde había una puerta y ahora  está la estatua de la Virgen; y dijeron: “Que así sean quemados nuestros pecados”.

Ese acto, aunque ingenuo, decía mucho; pero yo amonesté a esos buenos jóvenes: “No basta que quemen la espada; no deben pecar más; se deben cuidar del pecado voluntario: nunca decir una mentira queriendo mentir, nunca hacer una acción indigna, nunca ofender a un compañero intencionalmente”. En efecto luego esos jóvenes se comportaron todos muy bien; eran ejemplo para toda Tortona, y se acuerdan aún de esos días, y me escriben y me vienen a ver. Después, sobre la espalda, la llevaron a su estudio. Y en el lugar de la espada le pusieron un corazón de plata, el que ahora ven... Y la visitaban con frecuencia...

 Esa lejana ceremonia de la toma de posesión por parte de la Virgen de los Dolores -que luego fue la Virgen de la Obra, la Virgen de la Divina Providencia-, esa toma de posesión , por parte de la devota estatua, del primer instituto para niños pobres y aspirantes al altar, era símbolo de la toma de posesión por parte de la misma Virgen Santísima, nuestra madre Celeste y única fundadora, de toda la Obra, también para el futuro...

Aquellos primeros jovencitos representaban a todos aquellos que vendrían después; los que entrarían a formar parte del nuevo instituto... En ese gesto de amor y de fe de los primeros muchachos a esa santa Virgen, de quitarle la espada, estaba la fe, el amor, la consagración de los futuros miembros de la Obra... La entronización  de esa estatua era la entronización de la divina Madre en el corazón, en la idealidad, en los propósitos de vida santa de toda la futura congregación... La Virgen santísima, la Madre de Dios, tomaba de su mano, en su posesión, para entonces y para siempre, todo lo que sería luego, personas, instituciones y actividades de la Pequeña Obra de la Divina Providencia...”







2 comentarios:

  1. There is a copy of the statue in the novitiate at Montalban in the Philippines and also in our formation house at Kollam, Kerala, India.

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  2. Yes, I remember the one in Montalban, but I didn't know about the another, thanks!

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